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Las Tardecitas de Buenos Aires...

  • Oct 20, 2016
  • 2 min read

Las tardecitas de Buenos Aires tiene ese qué sé yo, ¿viste?

Salgo de casa por Arenales, lo de siempre en la calle y en mí,

cuando de repente, detrás de ese árbol, se aparece él,

mezcla rara de penúltimo linyera y de primer polizonte

en el viaje a Venus. Medio melón en la cabeza,

las rayas de la camisa pintadas en la piel,

dos medias suelas clavadas en los pies,

y una banderita de taxi libre en cada mano... Ja...ja...ja...ja...

Parece que sólo yo lo veo, porque él pasa entre la gente

y los maniquíes me guiñan, los semáforos me dan tres luces celestes

y las naranjas del frutero de la esquina me tiran azahares,

y así, medio bailando, medio volando,

se saca el melón, me saluda, me regala una banderita

y me dice adiós.

Así comienza de manera hablada el tango Balada para un loco, escrita por Horacio Ferrer y musicalizada por Astor Piazzola en 1969. Ya pasaron casi cincuenta años y sigue siendo una hermosa descripción de Buenos Aires, Argentina.

Llegar al aeropuerto de Ezeiza y encontrarse con personas multiculturales, pero especialmente con rasgos europeos y luego caminar por la ciudad, por la calle Arenales, como dice la canción despierta un interés por saber más de esa ciudad mágica, ubicada casi en el fin del mundo. Sus calles están llenas de librerías y todo el tiempo abarrotadas de gente comprando o leyendo o tomando un café en cómodas sillas preparadas para tal fin. Se ve de todo. Gente muy culta, fina y glamorosa, como también niños pidiendo por la calle. Las vidrieras llenas de maniquíes exponiendo seductora ropa e imposible de detenerse y mirarla y en el mejor de los casos, comprarla. El aroma al café va ganando su lugar en las frías mañanas de invierno. Un lugar, un espacio, un refugio para prepararse y enfrentar el día de trabajo.

Calles anchas, calles angostas, calles empedradas, vías peatonales o bicisendas completan ese hermoso cuadro de la ciudad de Buenos Aires. Por momentos parece estar caminando en Madrid, o en Parïs, para luego escuchar hablar al "porteño", al de Buenos Aires y volver a la realidad. Buenos Aires, una ciudad extraña en el contexto latinoamericano, antigua, moderna, llena de espacios culturales, musicales, y un paisaje pocas veces visto.

 
 
 

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