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Cultura y Turismo: Versalles, Francia

  • Mar 9, 2018
  • 3 min read

El Rey Luis XIII, por el 1600, tenía ubicados sus pabellones de caza en la aldea de Versalles, con sus caballos y sus cuidadores. Su hijo, Luis XIV, hizo de estas caballerizas uno de los lugares mas bellos y visitados del mundo. Fue uno de los logros mas exquisitos de la arquitectura del siglo XVII.

En el 1682, Luis XVI trasladó allí la corte y el gobierno. De una simple aldea, Versalles se convirtió en la residencia real. Los negocios y los asuntos importantes ya no se atendían en el palacio Louvre de París, sino en Versalles. Al principio provocó rechazo de parte de la realeza y el pueblo. Pero poco a poco el esplendor, las fiestas, la riqueza extrema y el buen vivir hizo que de muchas partes del mundo viajaran exclusivamente a Francia a conocer el Chateau, el Palacio de Versalles. El palacio tiene 300 habitaciones distribuidas en planta baja, primero y segundo piso. Curiosamente el piso más alto era el de la servidumbre. Hoy en día el piso mas alto de cualquier edificio es el más privado y costoso.

Fue la residencia real hasta la Revolución Francesa en 1789. En el año 1979 fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

En el día de hoy, hay que tomar un tren desde París a Versalles. Una hora de viaje y usted llego a su destino. Cruzar la ciudad de Versalles caminando también tiene su atractivo. Una ciudad pequeña pero al mejor estilo francés. Luego de unas 15 cuadras o bloques, usted mira a la izquierda y queda extasiado contemplando el Palacio a unas 5 cuadras por delante suyo. Tiene la vista completa del amplio patio de entrada y sobre las escalinatas el fastuoso palacio. Si hay sol, el oro con el cual esta revestida parte de su fachada lo encandilará. Usted no podrá creer lo que está viendo.

Cuando llegue al lugar, atravesará el portón de entrada con los símbolos de la realeza francesa. Pagará 18 euros para poder entrar y hacer el tour dentro del palacio.

Comenzará tratando de ver y registrar en su mente y en su cámara fotográfica todo lo que cada habitación tiene. Le resultará imposible. Podrá pedir auriculares y elegir idioma. Cada vez que entre a una habitación un sistema digital conectará su auricular al lugar y usted escuchará la explicación exacta del sitio donde está y aun más, escuchará cómo le dice donde mirar, a la derecha, a la izquierda, arriba, etc., y le describirá la pintura que está viendo.

Cada habitación tiene por lo menos entre 8 y 10 pinturas diferentes.

Cuando llegue al Salón de los Espejos, usted creerá que está en una película de Hollywood. No, no lo está. Está en el salón construido especialmente para recibir los invitados, cenar y tener el baile de honor.

Por supuesto también tenía un sentido político, era un homenaje al éxito político, al éxito en la economía y principalmente al éxito en lo artístico.

El techo abovedado alberga las pinturas que evocan la historia de Luis XIV en su mayor esplendor. El salón tiene 357 espejos rodeando 17 arcos en las ventanas. De esta manera Luis XIV resaltó la fabricación francesa de los espejos por sobre la veneciana. En ese momento era uno de los lujos más elevados que podía existir. Las puntas doradas también mostraban un nuevo diseño, de aquellos años surgió la frase que es válida hasta el día de hoy: al estilo francés.

En el año 1919, en este lugar, en el Salón de los Espejos fue firmado el tratado de Versalles, dando fin a la primera guerra mundial.

Tanto el exterior como el interior está decorado con soles. Así llamaban a Luix XIV, el Rey Sol. Hasta en los más mínimos detalles usted podrá observar que está decorado con un sol de oro. Su habitación, ubicada en el primer piso del palacio, exactamente en la mitad, apunta al amanecer. Eso era lo que quería el Rey, despertarse con los primeros rayos de sol.

No podrá recorrer las 300 habitaciones, quizá pueda ver unas 50 y se le irá el día completo. Tampoco está habilitado todo el palacio al turismo. Ni hablar de los jardines, también necesitará un día completo para recorrerlo. En el próximo escrito se los describiré.


Si usted nunca fue, agregue en su lista de viajes Versalles, Francia, no se arrepentirá. Es uno de los lugares para ver aunque sea una vez en la vida.

 
 
 

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